lunes, 21 de enero de 2013

Todas las veces que mueres.

Me parece una tremenda majadería  que a menudo me pregunten si ella tiene  un amante. ¿Por qué solo uno?”
                           Antor.



 La pasión homicida.

Antor fue a matar a Merak.
“… Cuando estaba a punto de patearle los huevos (no de matarlo) me eché un pedo. Traté de olerlo, pero no podía concentrarme en ambas cosas. Mi pedo fue superior y no es por despreciar madrearme a Merak, pero seamos honestos, siempre tratamos de evaluar el olor de los pedos. Pero mi pinche pedo no olía a nada, bueno eso creía yo. Cuando por fin dejé de pensar en mi pedo, saqué la pistola y por un momento caí en la cuenta de que la casa no iba a oler a mi pedo sino a pólvora en el momento que se disparara.  Se me hizo tan sublime ese intercambio de olores que luego entonces mi victima merecía morir. Simple y sencillamente por el olor. Pero debo ser sincero, también pensé en la opción de prender un cigarro. Y todo fue tan soberbio”
-¿Entonces no mató a Merak?
-Malditas adicciones. Te relajan un segundo y se te escapa la pasión homicida.




Agnes Milk.


Antor me llamó a media noche.
Hubo dos tonos antes de contestar.
No quería errores en mi homicidio.
Merak durmió a mi lado toda la tarde, comimos algo al anochecer y volvimos al lecho, me había desprendido de sus brazos unos minutos antes.
Me puse mis audífonos. Una canción que decía “eres algo difícil de explicar, pero es siempre lo mismo”.
Subí por las escaleras, me quité los audifonos esperaba que rechinaran, pero jamás lo hicieron, eran de cemento. Lo menciono para el que observa. Lo recordaría para contárselo a Antor. Volví a la música.
La canción me seguía repitiendo que era algo difícil de explicar. Fue algo difícil explicar a Antor lo de Merak... Fue algo difícil decidir matarlo. 
Dentro de la imagen yo sabía que la canción tendría que acabar.
Él tuvo la culpa. Tomé el revolver, pensé que estaría más frío, no era tan pesado como la primera vez que lo agarré.  Pensé en bajar y por última vez coger con él pero tendría que ocultarlo a Antor, mi narración tendría que ser alterada, Antor se daría cuenta de mi omisión, podría confundirse con mentira...  

Frente a mi se portó imperturbable. Y como poseso y héroe ofreció su pecho, con la idea que las películas le habían generado, esas películas en el que el héroe, digno de elogios ofrece su vida Ideux ex Machina y se salva.
Pero en ese momento yo tenía la decisión en el dedo índice y nadie lo salvó. Simplemente la consecuencia fue inmediata. Su pecho explotó.



Consejos para el homicida:


-No llores cuando hables de él… por mucho que lo hayas amado. A menos que te interrogue un policía.
-Entonces exagera.
-Bebe mucha agua antes de asesinar con arma de fuego. Tendrás que orinar mucho, sobre tus manos.
-Olvida las vanidades.  Llega a donde él, apunta y mata.
-Con la gente que te muestres, resulta desagradable pero no sospechosa.
-Has descubierto que por instinto eres superior a él. Tienes las capacidades necesarias para atormentarlo. Te suplicó que no lo mataras, y sus ojos de amante te enloquecieron y le regalaste la vida, te sedujo, se te escapó... Ahora él te está buscando, te quiere violar y te quiere matar.
-Agnes, Mata.




Soliloquies de Antor:

Antor cuelga el teléfono gritando ¡ me quiero quedar en mi casa! No regreses, no vengas con ella, es tuya. ¡Te la regalo!
Sirve lo último que hay en la botella y se acerca al balcón para volver a llamar a Merak.
“… Casi hago un funeral por mis libros, wey. Se los comieron las cucarachas. No te estoy confesando que tengo cucarachas, te lo presumo. Me encanta el sexo y el alcohol. Aunque a veces  lo finjo y otras lo exagero pero me encanta. ¿Cómo está Loulú?”.
Hay una videollamada y Antor la ignora. Sabe que es ella…
“…Libros, wey. No puedo hablar de libros con mis amigos. A veces rayan en la ignorancia, a veces hacen esfuerzos pero fallan. Loulú es encantadora, escucha bien y hace esfuerzos que le resultan, o se desnuda y me complace”.
Una gran horda de zombies en la televisión y Antor sigue hablando con Merak:
“…Bueno, te daré un consejo, satisface su ego viendo películas o documentales de animalitos e investiga en internet sobre asesinos seriales y en el desayuno platícalo como algo intrascendental, Loulú no necesita más para ser feliz”.
La tetera ya  suena.
“…Bueno wey, lo grotesco apréndelo de la calle, no de la familia, a Loulú le caga que le sirvan agua en vasos de plástico, yo también te hubiera apuñalado con el tenedor”.
Loulú insiste en la computadora.
“…Bueno wey, veo que no haces bien tu trabajo, ella me está llamando con la exageración que la caracteriza, solo recuerda que todo es sucio, que nuestra ilusión de no suciedad, es otro pedo”.










“Debe quedar todo entre usted y yo, senior. Esa regla es única, inalterable".


Había tantas cucarachas en los dominios de Antor, que agarré a una y quería despanzurrarla. Pero agarré las pinzas de depilar y le quité las antenas. Y luego las patitas. Me sentía Dios.
Le dije con mi voz más sensual “hazle como puedas” Y la dejé ir. Se seguía moviendo y eso me incomodaba.

Los caguengues pensamientos de Antor... Ese intelecto a Merak lo tienen sin cuidado.

Estábamos buscando a alguien.

Antor me dijo:   “Agnes, perras como tú siempre tienen muchos perros oliéndoles el culo".. No me pareció un insulto, me pareció bonito.
Y agregó: ¡Por consecuencia, perritos, familia, amigos, camaradas, banda, manada, qué asco! 

En una nota:

Sé que lo recuerdas a menudo y me produce celos tal actividad en tu cerebro. Cuando termines de orar seguiremos nuestro camino.


Empiezo a pensar que Merak nunca muere en esta historia. 













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