viernes, 15 de febrero de 2013

Epílogo.



Loulú:

Al destino, querrás, podrás obligarlo, pero no vendrá. Podrás probarlo pero no se formará. Podrás aplastarlo pero siempre estará ahí. Puedes aniquilarlo pero siempre estará cerca de ti, siguiéndote a casa. Diciéndote que todo está destrozado. Al destino puedes gritarle pero la herida tal vez no cierre. Al destino puedes exprimirlo pero no se consumirá nunca. Puedes llevarlo a casa, puedes besarlo, pero tal vez te destruya y entonces volverás la cara hacía la ventana preguntándote ¿por qué no puedes olvidar? ¿A dónde vamos desde aquí?

Sé que mis palabras parecerán extrañas.
Sé que mi sangre se espesa.
Sé que me he asustado porque no había nada debajo. Sé que no tengo ningún amigo de verdad. Sé que hace tanto tiempo que no te escribo… Sé que he perdido las costumbres. Sé que te he conocido y sé que tengo la letra más fea. Sé que cada día mis pulmones son menos ellos. Que tengo arrugas en la palma de mi mano izquierda donde mi anillo de plata me carcome la piel recordándome mi unión contigo y sé que no estoy bien, sé que estoy triste, los años entristecen a gente como yo. Sé que no debes preocuparte. Sé que no soy lo que anhelabas.

Sé que te amo, Loulú.

Sé que eres inquieta, pero ya no te muevas.

Está lloviendo pero no tardaré en andar, en mis ojos se clava el aire que se cuela por la ventana. El aire espera algo de mí. El cielo reclama su pago. La tierra su abono de sangre y el agua mis ojos. Y tú me reclamas la gloria. Y yo, lo único que escucho es el golpe de tus lagrimas derramadas en la obscuridad.
No perseguiré a los perdidos.
Sería inútil almacenar fichas de investigación por ellos.

Creeré en la fatalidad del destino que se ha abandonado, que se esconde entre los árboles con ojos obscuros que quizá te aman pero jamás tendrán el valor de volverte a enfrentar...

Creeré en ti. En tus ojos que son esos árboles en la obscuridad. En tus pupilas de monolitos, de siglos de adoración a mi. Creeré en tu sonrisa que ilumina hasta el lugar más obscuro, envidia de los Dioses, tentación de demonios.

Tal vez huyas, saldrás del sendero de los viajeros para encontrarte con las telarañas del dolor, eres curiosa y es tu naturaleza, y la pus de la voluptuosidad te hará recordar y voltear atrás. Corre lo más rápido que puedas, cuando sientas que esos ojos fatales te buscan, corre Loulú, que el dolor no perdona. Una vez más que te tenga entre sus indestructibles labios no te dejará, te absorberá hasta el color de las uñas. No respires cuando yo  esté ausente, te escuchará, y  puede ser que tu otro espíritu se apodere de los latidos de tu corazón, lo cual en este bosque de brujas, sería terrible porque la destrucción viaja en una nube tapando el sol, y  aún, Yo con todo mi amor, no te podré ver.

Antor.
Invierno 2013.