La lluvia comenzó. Era septiembre y la lluvia hacía
de las suyas. El frío de octubre se adelantó y ahora era frío de septiembre,
acompañado de lluvia, no fuerte pero nutrida.
Merak ha viajado proclamando la paz. De
repente, está desnudo en el tobogán y se raspa un poco la espalda al ver la luz rapaz que viene del lado
derecho, pero llega a un lugar donde se corta el tobogán. Hay un letrero que
dice “fuera de servicio”. Las piedras sobresalen filosas, Merak piensa que es
un truco de Loulú y se avienta pecho tierra para que no sea alcanzado. Se
sangra todo, la carne se le hace girones y muere pero de repente se regenera y
obtiene un cuerpo nuevo, y sin manchas. Besa a Loulú, la penetra y la hace ella
nuevamente.
Dios dice que han descubierto el secreto.
En la puerta del invierno ve a los gemelos buenos y
en la del paraíso a los gemelos malos.
Alejandro con Alessandra, y Merak con Loulú.
Dios va a otro asunto…
Se le escapa otro.
Al escapar se encuentra con una mujer llorona que le
da un teléfono celular y le pide llamar a Dios.
Está en el siglo XX.
No hay celulares pero tiene uno en la mano. Besa el número de Dios, intenta recordarlo,
lo apunta en su mano, pero la tinta hace un asco de fluidos.
El número se ha borrado.
Saliendo de la cafetería encuentran un panfleto que
alguien escribió sobre que Dios, no es Dios.
Al final del panfleto ve el número de Dios, está en inglés al
revés. Cuando tratan de descifrarlo todo
lo escrito en el papel, desaparece.
El corazón de aquel se infla y suena el celular. Contesta
y es Dios.
-Antor, tu nombre… eres Antor. El cielo te promete que jamás se volverán a
burlar de ti y sabes que esto es una mentira.
De pronto, se vuelve el cielo y el infierno contra
él, Dios rodea a Antor y se vuelve un tobogán.
Antor se inflama de ira y en su mirada solo está
Merak, que no sabe lo que es, que no sabe quién es y lo empieza a perseguir.
Dios grita “no lo harás”. Contempla nuevamente el
pavor de Merak, en espirales por toda la eternidad. Pulsa “stop”, y se detiene
la lluvia. Antor despierta en su confortable puf y frente a él, Loulú.
Dios abraza a Loulú mientras duerme, Antor que lo ve
todo contempla silencioso.

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